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Paciente (anónimo) | 58 años / México

A mis 56 años de edad yo gozaba de muy buena salud, cuando de repente comencé a tener problemas para orinar. No me preocupé mucho pero decidí ir a ver a un urólogo quien me dijo que el problema era una bacteria. Me dio tratamiento y lo inicié inmediatamente, pero después de varios días seguía con las mismas molestias. Regresé a verlo y en esta ocasión el urólogo me indicó que tomara unos anti-inflamatorios y así pasaron casi tres meses.
Poco tiempo después tuve un problema de pancreatitis, razón por la que dejé de ir con el urólogo. Cuando lo volví a ver, ¡me dijo que tenía otra bacteria que seguramente se me había contagiado en el hospital durante la pancreatitis! Volvió a darme antibióticos para la supuesta infección pero yo no mejoré. Finalmente, me hizo un tacto rectal que me dolió mucho por lo que me asusté profundamente. Mi antígeno prostático estaba en 54 cuando mi nivel normal era de 3. El urólogo me dijo que no me preocupara porque el cáncer no duele. Sin embargo, yo tenía mucho dolor en toda la zona del ano como si me hubiera pegado muy fuerte. Me inquieté todavía más cuando me informó que me tenían que hacer una biopsia. Empecé a preguntarle si no había riesgo de que lo que tenía en la próstata se esparciera a otras partes del cuerpo y el médico me confirmó que sí, que ya se había diseminado. Entonces sí me asusté y después me molesté mucho, ¡habían pasado ocho meses desde la primera consulta!
Vivo en provincia, por lo que decidí ir a la Ciudad de México a tratarme con un urólogo-oncólogo quien me mandó hacer un ultrasonido rectal, una biopsia y un análisis óseo. El resultado arrojó que yo tenía cáncer de próstata con múltiples metástasis en los huesos de la columna vertebral, hombros, costillas y coxis. Me comentó que mi caso era muy difícil pero que teníamos que tratarlo. Fue un gran choque emocional que me costó asimilar pero finalmente acepté que tenía cáncer. Fue en el Instituto Nacional de Cancerología donde me dijeron que había una medicina nueva, el Cloruro de Radio 223, pero que no lo tenían en la línea normal de tratamiento. Me hicieron muchos análisis y finalmente me dijeron que sí me iban a tratar en esta institución y me indicaron inyecciones para no producir testosterona. Mientras tanto, yo seguía con problemas para orinar, tenía muchos dolores en los huesos y no podía dormir. Un día me llamaron para decirme que habían llegado unas cuantas dosis de Radio 223 ¡y que me podían dar el tratamiento! Para cuando recibí la segunda dosis de Radio 223 yo ya me sentía mucho mejor y los dolores ya casi habían desaparecido. Con la tercera dosis yo ya me sentía muy bien y agradecí el gran apoyo que recibí de todos los doctores del INCan. Después de varios estudios se pudo verificar que el Radio 223 sí se estaba yendo a las lesiones de los huesos donde había cáncer. Hoy en día sigo con bloqueo hormonal y sé que todavía tengo cáncer en alguna parte, pero ya no me duele y puedo hacer una vida normal.
Si pudiera cambiar algo de lo que pasó, ¡habría adelantado mi tratamiento! Hoy veo como afectó que el primer urólogo que me vio me dijera que no tenía cáncer y también que yo no quería oír que tenía cáncer. Por eso no le di urgencia que requería buscar la atención necesaria. Yo le diría a cualquier hombre de edad en riesgo de cáncer de próstata que se practique sus pruebas de antígeno y tacto rectal de manera regular, que no esperen a sentir algo raro o diferente, ya que efectivamente el cáncer en sus etapas iniciales, no duele. En el resultado de estos análisis, si se ve algo sospechoso entonces hay que ir con un especialista de inmediato. De haber sabido lo que sé hoy, yo habría acudido con un urólogo-oncólogo tan pronto como viera algo sospechoso en mi orina o en los resultados de antígeno y tacto rectal.
Ahora puedo ver lo mucho que me ayudó el trato de los médicos del INCan y el radio 223. Hoy he cambiado mi dieta y he dejado de comer carne y lácteos. Puedo fácilmente recordar lo mal que me sentía cuando perdí casi 20 kilos de peso, cuando no podía dormir más que unos cuantos minutos seguidos, y esos terribles momentos en que el dolor de las metástasis en huesos era tan fuerte que ni siquiera podía estar sentado. Agradezco inmensamente a médicos, a mi familia y a los que fabrican las medicinas que me ayudaron a regresar a vivir con calidad. Sé que un día me voy a morir pero esta experiencia me hizo recapacitar acerca del cuidado que debo tener con mi salud.
Yo les digo a todos los hombres mayores de 40 años que se hagan sus chequeos, que utilicen mi terrible experiencia para aprender sobre cáncer de próstata y metástasis a huesos para evitar sufrirlo ellos mismos.